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Maravilla del MundoPerú · Machu Picchu

Aprendizajes de mi primer viaje internacional: las lecciones que me dejó Perú

Persona sonriente frente a la ciudadela de Machu Picchu con Huayna Picchu al fondo

Mi primer vuelo internacional, Machu Picchu como sueño cumplido y las lecciones de viaje que aún aplico en cada aventura.

Máscara dorada inca sobre muro de piedra en el Aeropuerto de CuscoNunca olvidaré la emoción de escuchar el llamado para abordar mi primer vuelo internacional. Después de tantos videos, fotografías y relatos de otras personas, por fin iba a descubrir cómo se sentía salir del país por primera vez.

No imaginaba que ese viaje a Perú me dejaría mucho más que fotografías increíbles: también me enseñaría lecciones que, desde entonces, aplico en cada aventura.

Era el segundo trimestre de 2022. Aunque la pandemia de COVID-19 ya empezaba a dar un respiro, todavía existían algunas restricciones y muchas precauciones que debíamos tener en cuenta. Queríamos un destino cercano, que se ajustara a nuestro presupuesto y que, al mismo tiempo, cumpliera uno de nuestros grandes sueños viajeros.

La elección fue sencilla. 
Perú. 
Y, por supuesto, el gran protagonista del viaje sería Machu Picchu.

Como ya tenía experiencia organizando algunos viajes dentro de Colombia, me encargué de investigar qué otros lugares podíamos visitar, comparar hospedajes, calcular el presupuesto y leer todas las recomendaciones posibles. Viajábamos en grupo, así que cada decisión debía ajustarse al bolsillo de todos.

Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que ese viaje fue una mezcla perfecta de emoción, errores, aprendizajes y momentos inolvidables. 
Estas son las lecciones que más recuerdo.

1. El hospedaje más barato terminó siendo el más caro en tranquilidad

Uno de nuestros principales objetivos era ahorrar, así que elegimos un hospedaje económico en Cusco. En las fotografías se veía limpio, bonito y acogedor; además, las reseñas eran aceptables.

Plaza de Armas y Centro Histórico de Cusco al atardecer con bandera peruanaAl llegar descubrimos que las instalaciones sí cumplían con lo prometido, pero la administración no. Aunque habíamos reservado con suficiente anticipación, una de nuestras habitaciones no estaba disponible en uno de los días y otra tuvo que ser cambiada por problemas de organización. No fue una experiencia grave, pero sí generó estrés innecesario durante nuestro viaje.

Desde entonces aprendí que el precio no debería ser el único criterio para elegir un alojamiento. Hoy también reviso con atención las opiniones sobre la atención al cliente, la organización y la forma en que responden cuando surge algún inconveniente. 
A veces pagar un poco más significa tener unas vacaciones más tranquilas.

2. La altura nos dio una lección desde el primer día

Sabíamos que la altura podía afectarnos. 
Habíamos leído sobre el famoso soroche y pensamos: «Cuando lleguemos, miraremos qué hacer». 
Gran error.

Persona sonriente señalando el letrero del Sector Q'Allaqasa en el Parque Arqueológico Pisaq a 3514 m.s.n.m.Después de caminar apenas una cuadra, empezamos a sentir el verdadero impacto de la altura. Dolor de cabeza, mareo y esa sensación de que el cuerpo simplemente no quería avanzar. En ese momento entendimos que el soroche no era una exageración de internet.

Volvimos al hospedaje para descansar y allí nos ofrecieron un té de coca que, para nosotros, fue un alivio inmediato. Más tarde compramos en una farmacia unas tabletas naturales elaboradas con muña y otras plantas tradicionales, que nos ayudaron durante toda la estadía en Cusco. Además, en el mercado adquirimos hojas de coca para masticar, una práctica muy común entre los habitantes de la región y que también nos resultó útil durante los recorridos.

Otro gran acierto fue llevar unas buenas botas de senderismo. Entre calles empedradas, escaleras interminables y caminatas largas, nuestros pies terminaron agradeciendo esa decisión.

Desde entonces, preparar el equipaje dejó de ser solo una lista de ropa y pasó a convertirse en una parte fundamental de cada viaje.

3. Los mejores lugares no siempre aparecen en Google

Laguna Piuray en Cusco, PerúDesde el hospedaje nos ayudaron a coordinar el transporte desde el aeropuerto. Durante el trayecto empezamos a conversar con el conductor y nos comentó que también realizaba recorridos turísticos por diferentes zonas de Cusco y sus alrededores. Acordamos los precios y terminó acompañándonos durante prácticamente toda la semana.

No era un guía turístico certificado, pero conocía profundamente la historia de su ciudad y disfrutaba compartirla. Gracias a él visitamos todos los lugares que teníamos planeados y, además, descubrimos uno que jamás había aparecido en ninguno de los blogs o videos que había consultado: la Laguna Piuray.

Era un lugar tranquilo, rodeado de naturaleza y completamente alejado de las multitudes. 
No había filas. 
No había ruido. 
No había cientos de personas intentando tomarse la misma fotografía. 
Solo estábamos nosotros disfrutando del paisaje.

Ese momento me enseñó que, muchas veces, las mejores experiencias de un viaje aparecen cuando dejamos espacio para lo inesperado y escuchamos las recomendaciones de quienes realmente conocen el destino.

4. Nuestro guía en Machu Picchu terminó siendo mucho más que un guía

Grupo de amigos contemplando la ciudadela de Machu Picchu desde un miradorLlegamos a Aguas Calientes —el pueblo ubicado a los pies de Machu Picchu— llenos de emoción. 
Después de recorrer sus calles y disfrutar de la deliciosa gastronomía peruana, fuimos a comprar los boletos del autobús que nos llevaría a la ciudadela al día siguiente. Fue allí donde, casi por casualidad, conocimos al guía que haría de esa visita un recuerdo aún más especial.

Nos transmitió confianza desde el primer momento, así que decidimos contratarlo. Y fue una de las mejores decisiones del viaje. No solo nos explicó la historia, la arquitectura y las curiosidades de Machu Picchu en cada parada, sino que también tuvo una paciencia infinita para ayudarnos a tomar fotografías y videos espectaculares.

Mientras observábamos a otros grupos avanzar rápidamente de un punto a otro, nosotros pudimos detenernos, contemplar el paisaje y disfrutar realmente de estar allí.

Además, ese día tenía un significado muy especial para mí. 
Era mi cumpleaños. 
Nuestro guía lo sabía —mi esposo le había comentado— y encontró un momento perfecto para hacer una pequeña pausa y celebrar con nosotros en medio de una de las siete maravillas del mundo moderno. 
No pude imaginar un mejor regalo.

Hay recuerdos que se guardan por las fotografías y otros que permanecen por las emociones que despiertan cada vez que vuelves a pensar en ellos. 
Ese cumpleaños quedó grabado para siempre en mi memoria.

Mi mayor aprendizaje

Terrazas circulares del Centro Arqueológico de Moray en el Valle SagradoCuando planeé este viaje, pensaba que lo importante era llegar a Machu Picchu. 
Hoy entiendo que el verdadero viaje comenzó mucho antes: investigando, organizando el presupuesto, enfrentando pequeños imprevistos y aprendiendo a adaptarme a una cultura diferente.

Perú me regaló paisajes increíbles, una gastronomía que aún extraño y personas que hicieron que cada experiencia fuera aún más especial. Pero, sobre todo, me enseñó que viajar no consiste únicamente en conocer nuevos lugares. También significa descubrir una nueva versión de uno mismo.

Desde entonces, cada vez que preparo una maleta, recuerdo esas primeras lecciones y sonrío al pensar que todo comenzó con aquel primer sello en mi pasaporte.

Que tu primer sello sea solo el primero de muchos.